🌊#2: Calor y memoria 🌞
Queridas personas:
Odio el calor como cualquier ser humano sensato, pero debido sin duda a alguna disfunción de mi cerebro, en ocasiones lo recuerdo como un elemento afortunado que mejora un momento feliz. Un ingrediente indeseable por sí mismo, pero que mezclado con otros, crea el sabor perfecto. Como si el sufrimiento que provoca la temperatura pudiera dotar a esa memoria de una nostalgia extra, hacerla más exquisita.
Pongo un ejemplo: el año pasado, durante una semana que estuve en casa de mi hermana, me ofrecí a recoger a mi sobrino de la escuela de verano todos los días. Me parecía oportuno moverme un poco, así que iba andando a buscarlo (cuesta abajo) y volvíamos a casa (cuesta arriba). Yo por supuesto llevaba sombrero y él una gorra para protegernos de un sol del demonio, pero el calor de los aproximadamente veinticinco minutos de pendiente continua sin sombra no nos lo quitaba nadie. Mi sobrino, pobrecito, se quejaba a veces de que yo lo sometiera a ese esfuerzo, innecesario desde su punto de vista porque podríamos haber cogido el autobús, pero yo le decía que caminar era sano y que a nuestro cuerpo le venía bien. ¿Requiere el cuerpo de un niño pequeño y delgadito ese movimiento extra cuando ya está quemando calorías a todas horas? No lo creo, pero para acallar sus quejas y mi conciencia, intentaba distraerlo dándole conversación. Por supuesto no conseguía que me contara nada de sus asuntos —es un niño muy reservado—, pero acababa participando con mucha curiosidad si le mencionaba alguna franquicia como Pokémon o Minecraft. Yo soy el tipo de persona que almacena una cantidad absurda de datos sobre esos temas, aunque ni siquiera me interesen mucho, y él, la típica criatura que por no tener acceso aún a esos mundos, los considera mucho más fascinantes de lo que son en realidad.
Así que íbamos los dos cuesta arriba soportando una temperatura y una radiación UV que no le deseo ni a mi peor enemigo, mientras hablábamos de tipos de magia o niveles de poderes y yo trataba de convencerle de que en Minecraft lo más importante no es matar a nadie sino construir edificios maravillosos como los que él hace con sus piezas de LEGO (es mentira, el endgame consiste en matar a un dragón, pero esto no lo sabrá por lo menos en unos cuantos años, espero que no se acuerde de ese detalle).
¿No sería este recuerdo mejor si hubiéramos paseado con una agradable temperatura primaveral? No, eso es lo curioso. No habríamos estado tan solos él y yo por la calle, con esa extraña atmósfera de intimidad que crea una meteorología adversa. No nos habríamos sentido tan presentes si no nos hubiera molestado de esa forma el cuerpo, que con el sudor, el quejido de los músculos y la sed reclamaba nuestra atención a cada paso. Habría surgido espacio en la mente para más distracciones y el momento no se hubiera grabado en la memoria de manera tan precisa. Porque las partes más antiguas del cerebro no distinguen si estás yendo a recoger a tu sobrino, caminando para llegar a una cala, o cruzando el Serengeti a tu suerte y consideran oportuno para tu supervivencia recordar que aquel día en aquel momento pasaste mucho calor. Así queda un recuerdo más vívido, envuelto en una sensación molesta, pero con un corazón brillante, feliz.
Este verano mi sobrino va a otra escuela y yo ya no me encargo de recogerlo, pero espero que tengamos ocasión de pasar calor juntos, de vivir una experiencia odiosa que no querríamos repetir, pero que nos permita fabricar un recuerdo al que volver siempre.
⚡ La canción
Llevo ya muchas cartas poniendo temas de esta década, de este lustro, incluso, y ya está bien. Para esta carta necesito una canción nostálgica que tenga más de cincuenta años por lo menos.
😃 El espíritu
Me encontré con este tesoro que tenía por ahí guardado y no puedo creer que nunca lo haya compartido aquí hasta ahora. No lo concibo, me parece imperdonable haberos privado de la carusa de este pulpo que decora un plato fabricado hace casi dos mil quinientos años.
📸 El regalo
Después de haber triunfado como tía, regalando el «microscopio» que os recomendé en esta carta del año pasado, he vuelto a revalidar mi título con esta cámara digital con impresión térmica. Me costó muchísimo encontrar una con buenas reseñas que no incluyera videojuegos (no sé qué niño va a hacerle caso a la cámara si puede jugar al Tetris), pero mereció la pena.
🐚 La cosa que sigo recomendando


De una carta de hace seis veranos os traigo los cuadros de Grazyna Smalej, que me han vuelto a fascinar. No son pinturas del mar, sino pinturas del recuerdo del mar.
🗺️ El juego
Este juego de datar y localizar obras de arte, como si trabajaras en un museo, no sorprenderá a nadie que esté en nuestro grupo de Telegram porque allí ya se compartió y causó entusiasmo, pero yo la tenía guardada para recomendarla en una carta y aquí os la traigo.
Aquí me despido. Esta semana aprovechad el calor para fijar algún recuerdo con alguien a quien queráis.







Ese momento en el que le doy al Play donde pone “escuchar” y pienso que la voz de Carmen Pacheco me va a ir leyendo la Newsletter. En mi mente sonaba fenomenal. Me ha encantado la historia con tu sobrino.
Ay, el pulpo. Me encanta