🌊#3: Disociando 🫧
Queridas personas:
Entro en la página principal de un periódico y, minutos después, cierro la pestaña del navegador con la sensación de que necesito una ducha. Abro corriendo mi lector de feeds y me limpio los ojos con noticias sobre ciencia y arqueología, salpicadas por newsletters de chicas de internet que hablan de las cosas bellas del verano: fragancias, helados, pequeños placeres. Se me hace raro pensar que la macedonia de información que acabo de consumir provenga de la misma fuente, de la misma realidad, aunque soy consciente de que todo está interconectado y, si quisiera deprimirme, podría definir relaciones claras entre las noticias de portada, el estado del mundo académico y el mood de mis chicas. No lo hago porque lo que necesito es disociar.
En los últimos años, me tropiezo una y otra vez con esta palabra: «No tenemos más remedio que disociar», «ahí voy, disociando». Le hemos robado el término a la psicología clínica, donde quizá en el futuro se vean obligados a crear uno nuevo, menos desgastado, para nombrar trastornos mucho más graves que el simple escapismo. Es el ciclo natural del lenguaje, las palabras poseen una vida propia que nadie puede controlar. Para trazar la trayectoria de este vocablo en concreto, no es necesario seguir la estela de memes y vídeos de TikTok, me basta mirar mi archivo de conversaciones de WhatsApp. En las primeras entradas de hace unos años aparece el sintagma explicativo «disociada de la realidad», pero más tarde pasamos ya a los más coloquiales «disociada perdida», «disociada viva», «disociada total». Estas expresiones no las uso solo yo, las usan también mis amigas. El sentimiento es común.
Que nos hayamos apropiado de un término psiquiátrico es significativo: no nos vale con decir que estamos «abstraídas de la realidad». Es curioso que en otra época muchos términos clínicos quedaran obsoletos porque se popularizaba su uso como insultos: neurótica, histérica, trastornada... Ahora sin embargo se descontextualizan porque recurrimos a ellos para explicar nuestras miserias del día a día. Y es cierto que el lenguaje se ha medicalizado y que existe una banalización del discurso sobre la salud mental en las redes sociales, pero creo que este caso es distinto. Si echamos mano de la palabra «disociada» es porque implica que una se reconoce patológicamente forzada a cerrar los ojos. Es una forma de decir, medio en broma, medio en serio, que sabemos que hay algo insano en la conducta, que no debería ser así.
No hay estación más disociativa que el verano. Ya puede arder el mundo, que siempre habrá un sabor de helado de temporada (este año el pistacho) y gente haciéndose fotos en un barco. Pero conviene recordar que quien carece realmente de empatía y es inmune al sufrimiento ajeno no tiene ninguna necesidad de disociar. Para ellos no existen dos dimensiones, sino una que además les resulta cómoda. Si por el contrario eres consciente del esfuerzo en hacerle un huequito a tu cordura y rodearte de cosas bellas que te animen a seguir viviendo, es porque tienes bien presentes los horrores y las injusticias del mundo. En realidad, amigas, no estamos disociando en absoluto.
🖤 La canción
Este tema tiene todos los ingredientes musicales que me gustan y en los últimos meses ha sido uno de mis métodos favoritos de evasión.
🤬 El muro
Esta página no sirve para nada, pero me hace mucha gracia como concepto. Es un muro infinito y sin moderar (arriesgadísima jugada) para dejar mensajes a nuestros creadores, en el caso de que nuestro mundo fuera una simulación. Conste que yo no creo en esa teoría, pero no diré que no se me viene a la cabeza varias veces a diario.
🍃 El alivio
Si sufrís un combo de estrés y ola de calor, no se me ocurre remedio más sencillo para sanar la cabeza que recurrir al clásico bucle de Studio Ghibli. Es capaz de reconciliarte con el verano en el peor momento.
🍅 La bebida
El zumo de tomate es una de mis bebidas preferidas, pero nunca lo he recomendado aquí porque se me olvida cíclicamente y puedo estar años sin tomarlo hasta que me vuelvo a acordar de que existe. Por supuesto, lo bebo siempre preparado (consumirlo tal cual me parece auténtica barbarie) con sal, pimienta recién molida, un trocito de lima y unas gotas de tabasco. A cada trago una puede notar cómo se regeneran las ganas de vivir.
⏳ La cosa que sigo recomendando
De esta carta antigua he rescatado a Frederick Carl Frieseke, el vecino de veraneo de Monet. Un señor que era felicísimo encerrado en su jardín y sus cuadros, mientras ignoraba al resto del mundo. Quién podría culparle.
Me despido por hoy. Espero que hasta la semana que viene disociéis lo justo y necesario.





