🏹#94: Vivir ligero 🌊
Queridas personas:
Hace unos días encontré un diario de cuando tenía quince años y leerlo fue como si alguien me abriera en canal con una cuchilla finísima, tan fina que ni lo noté al principio. Terminé de leer y seguí ordenando cajones, mientras me iba desmontando poco a poco como un muñequito de plastilina.
Esa misma mañana había leído a la escritora Annaka Harris decir que las personas nos vemos a nosotras mismas como entidades estáticas con la solidez de una roca que, a pesar de sufrir la erosión del tiempo, sigue siendo en esencia la misma. Y decía que en realidad nuestra naturaleza es más parecida a una ola de mar. Ni siquiera al agua misma, sino al movimiento de la onda, al propio proceso. Porque el cerebro es un órgano en constante cambio, permeable a elementos externos. A diferencia de la roca, la propia materia de nuestro interior vive en continuo diálogo con lo que nos rodea.
Cuando abrí las páginas del diario, reconocí mi voz, pero no encontré lugar en la memoria donde ubicarla. El texto hacía alusión a datos de mi biografía que por supuesto conozco, pero mencionaba nombres y anécdotas sobre las que no tengo el menor registro. Cambiaba incluso la versión que yo recordaba de algunas cosas, como por ejemplo, el distanciamiento con una amiga de entonces. En el diario estaba dolida, furiosa por su abandono, cuando en mi memoria era yo la que se había alejado de ella. ¿Por qué cargaba con esta culpa que no era mía? Quizá porque en otras ocasiones he sido yo la que ha actuado así y el cerebro tiende a simplificar, poner etiquetas, armar narraciones coherentes. Supongo que esa manipulación no siempre ha jugado en mi contra.
Junto a estas discrepancias entre la persona que yo recordaba y la que escribió ese diario, descubrí también consistencias que me provocaron aún más vértigo. Reflexiones tan pertinentes en mi vida actual que se parecen a muchas de las que he escrito aquí. Círculos perfectos en los que he tardado toda una vida en llegar a conclusiones que ya tenía claras en la adolescencia.
En los cuadernos hay también relatos de ficción que no recordaba en los que aparecen elementos sobre los que he escrito y estoy escribiendo, como si mi existencia fuera un eco interminable de las mismas obsesiones. Vibraciones generadas por impactos que tuvieron lugar en la infancia que se han extendido durante décadas.
Conforme te haces mayor, el peso de tu identidad puede convertirse en un lastre. Demasiados recuerdos que ordenar en una narrativa que, por mucho que se edite, a la larga resulta enrevesada, anticlimática, insatisfactoria. Se convierte este peso en el de una roca con la que cargamos, una amalgama monstruosa que nos esforzamos en esculpir para alcanzar una forma presentable. Sin embargo, es mucho más fácil aceptar que la identidad se deshace, fluye, no es más que un punto determinado en una trayectoria que apenas controlamos. Que para bien o para mal, ya no somos todo lo que fuimos.
🎧 Para esta carta una canción de esta década que me recuerda a otras pasadas.
➤ Una vida
Me encantó este hilo de X porque me sumergió en una nostalgia fantástica que ni siquiera es mía. El tipo más inofensivo de nostalgia.
➤ Una cabeza
Tenía este artículo guardado para compartirlo en una de mis cartas y parece que haya escrito todo el texto del principio solo como excusa para hacerlo: va literalmente de un cerebro convertido en roca. Bueno, en vidrio, para ser precisos.
➤Un poema
Hace mucho que no despedía estas cartas con un poema, así que aquí va esta belleza de Julia de Burgos:
Como la vida es nada en tu filosofía, brindemos por el cierto no ser de nuestros cuerpos. Brindemos por la nada de tus sensuales labios que son ceros sensuales en tus azules besos; como todo azul, quimérica mentira de los blandos océanos y de los blancos cielos. Brindemos por la nada del material reclamo que se hunde y se levanta en tu carnal deseo; como todo lo carne, relámpago, chispazo, en la verdad mentira sin fin del Universo. Brindemos por la nada, bien nada de tu alma, que corre su mentira en un potro sin freno; como todo lo nada, buen nada, ni siquiera se asoma de repente en un breve destello. Brindemos por nosotros, por ellos, por ninguno; por esta siempre nada de nuestros nunca cuerpos; por todos, por los menos; por tantos y tan nada; por esas sombras huecas de vivos que son muertos. Si del no ser venimos y hacia el no ser marchamos, nada entre nada y nada, cero entre cero y cero, y si entre nada y nada no puede existir nada, brindemos por el bello no ser de nuestros cuerpos.
Nada de Julia de Burgos, Poema en veinte surcos, 1938
Me despido por hoy. Nos leemos dentro de dos semanas, cuando ya no seamos los mismos.







Carmen, tus flechas calientan cada mañana de sábado. ❤️
Me quedo con la nada si entre nada y nada hay Flechas 😌