🏹#99: Una primavera rara 🪲
Queridas personas:
Quien me lleva leyendo varias temporadas sabe que por estas fechas suelo escribir una carta dedicada a la primavera, siguiendo una tradición que en realidad nunca me propuse, pero que todos los años se me manifiesta en el ánimo.
Desde finales de febrero voy notando cómo la oscuridad se resquebraja y entra cada día un poco más de luz en el cuerpo y florecen las ganas de hacer cosas mientras los árboles se visten de blanco y de rosa para escupir luego ese confeti primaveral y sacar de las ramas un verde furioso, limpísimo y húmedo.
La alegría de la primavera ignora las noticias y se despliega y cubre el día a día con un manto de normalidad seductora que invita a salir a la calle, sentarse en las terrazas y disfrutar de la vida. Yo escucho esa llamada y la atiendo, pero otra parte de mí se revuelve incapaz de soportar la incoherencia. Hoy mientras paseaba, me he tenido que quitar las gafas de sol para comprobar que el paisaje era tan bonito como lo estaba viendo: un estampado de nubes con volúmenes esculpidos sobre un azul radiante, la masa verde de los árboles proyectando un tapiz de sombras en una hierba cuajada de florecillas blancas. Y alguna persona aquí y allí paseando a un perro, leyendo a la sombra, tomando un vermut. La vida como si fuera el render de un estudio de arquitectos.
Se me hace más rara que nunca esta primavera porque vivo trastornada por la actualidad, a pesar de que apenas la dejo entrar en mi rutina. La ignoro a propósito la mayor parte del día porque necesito que el pensamiento siga trotando hacia delante como un caballito obediente que me ayude en mis labores y no se me despeñe en abismos de ansiedad existencial.
Año tras año, mis cartas de primavera expresan este desconcierto porque cuando no es un conflicto es otro y el esperpento siempre va a más. Y no hay palabras que den sentido a este absurdo, esta distancia ridícula entre el mundo que podríamos tener y el que hemos creado. Me cuesta asimilar tanta belleza y tanto empeño en destruirla.
🎧 Qué mejor para primavera que una canción preciosa y triste en italiano.
➤ Un olor
Si estuviera un poco más obsesionada con el perfume Young Rose de Byredo, tendría que inyectármelo. Mi gran queja es que, al menos en mí, no tiene mucha proyección, pero eso lo hace aún más adictivo. Querría bañarme en él porque es pura primavera. Tiene una acidez punzante y húmeda, como los primeros segundos de un caramelo de cereza en la boca, un poco picante, y luego vienen las rosas, que no son pesadas en absoluto. Es como contemplar un paisaje bucólico mientras tienes la conversación más interesante del día.
➤ Una visión
Espero que en la última década de su vida Wassily Kandinsky llegara a cruzarse con el trabajo de Norman McLaren. Por desgracia, seguro que no alcanzó a ver esta maravilla sinestética creada en 1949. Son siete minutos de música, arte y colores. Una cosa que ves y dices: gracias, internet, por bendecirme hoy con este hallazgo. Contadme si me equivoco.
➤ Un sonido
Me fascina esta recopilación de sonidos de tecnología obsoleta del proyecto Cities and Memory de la misma forma que me fascina el diseño y el sonido de un secador alemán muy antiguo que hay en casa de mi hermana y que sigue funcionando perfectamente. La próxima vez que lo use os lo enseño en Instagram. Así podremos recordar que la tecnología que está pensada para durar es increíble y que son otros aspectos de la civilización los que fallan.
Me despido por hoy, no si antes recordaros que hoy estaré hablado en el Carballo Interplay, por si queréis cotillear. Si no, nos leemos en dos semanas. Hasta mi próxima carta, floreced un poco.











