🏹#96: Decir «te quiero» 🐦⬛
Queridas personas:
Últimamente le digo a mi novio más a menudo que lo quiero. Estas declaraciones no son la culminación de momentos románticos ni parte de una dinámica habitual entre nosotros. Nunca he sido una persona especialmente cariñosa. Es más bien como si anduviera sonámbula todo el día y de repente despertara y me diera cuenta de que no hay nada más importante en ese momento que coincidir en el espacio y el tiempo con esa otra criatura, estar los dos vivos. Amparada en la confianza de una relación de trece años, le digo entonces que lo quiero, de manera abrupta y apresurada, porque no sé cuánto tiempo voy a estar despierta, ni cuándo volveré a despertar si es que lo hago.
Vivimos en una casa pequeña rodeada de cielo. A veces miro abstraída por la ventana y veo atardeceres bellísimos, irrepetibles, pero no logro registrarlos del todo, como si mis pensamientos ensuciaran los cristales. Como si estas ensoñaciones, con frecuencia teñidas de preocupación, tuvieran una cualidad física que me nublara la vista, le arrebataran nitidez a lo que miro.
Este encantamiento del que soy prisionera se rompe cada vez que un pájaro pasa cerca de la casa. El vuelo de un ave es siempre urgente, tiene un propósito inmediato. Y hay algo que asusta en ellas, en su forma brutal de habitar el presente. Un aleteo repentino, un salto al vacío, el movimiento de la cabeza cuando avistan una presa. El suyo es un cerebro ágil, primitivo, mucho más pequeño que el nuestro, sus gestos son más rápidos que el pensamiento. Se adelantan a la consciencia y destruyen el monólogo interno, lo aniquilan. Solo cabe alarma en el cuerpo cuando el vuelo de un pájaro nos roza.
A veces ocurre eso mismo también al decirle por sorpresa a alguien que lo quieres. Antes de que las palabras se abran paso entre su propia maraña de pensamientos, antes de que alcancen un lugar en el pecho y engendren calor, hay un instante de sorpresa en los ojos, de vértigo. El despertar súbito por un aleteo que los roza.
🎧 Esta carta merece una canción preciosa perfecta para mirar por la ventana.
➤ Un lugar
En Madrid hay una calle y en la calle hay un kiosco y en el kiosco hay tesoros. El kiosco de Embajadores 41 echaba el cierre y tres amigos decidieron comprarlo para llenarlo de revistas, libros, fanzines y otras cosas chulísimas que se pueden ir a ver los fines de semana. Sé de la existencia de este proyecto desde que era una semilla y me ha encantado verlo florecer en primavera.
➤ Una costumbre
Nos hemos comprado una tele gigante en casa y a mí me ha dado por estrenarla con canales de YouTube de gente haciendo sesiones, porque en estos tiempos me parece sencillamente un lujo escuchar algo que ha seleccionado un humano. Por ejemplo, pongo a este chico japonés y es como si su salón fuera una extensión del mío y estoy felicísima haciendo mis cosas mientras él pincha.
➤ Una cita
En nuestro club de Telegram, que no deja de ser uno de los mejores refugios de internet, tenemos club de lectura y hoy vamos a empezar a comentar Las herederas de Aixa de la Cruz. Se avecina debate. Si a este ya no llegáis, el próximo libro sobre el que charlaremos es La boca llena de trigo de Mayte Gómez Molina, que acaba de publicarse y tengo muchísimas ganas de leer.
Me despido por hoy. Os recuerdo que si os gusta esta carta, estáis invitadísimas a compartirla, ponerle un like y demás gestos de buena voluntad en internet. Hasta dentro de dos semanas, decidle algo bonito a alguien que queráis.













¡Qué precioso texto! Es pura poesía. Estoy muy agradecida a Eva Morell por haberme descubierto tus cartas. Un abrazo.