🏹#97: Las chicas de internet 🪩
Queridas personas:
En el último año, las chicas de internet se traen entre manos una moda que me está rompiendo el corazón. En TikTok, YouTube, Instagram y Substack proliferan tutoriales bajo variaciones del título «How to Make your Life more Whimsical». La palabra whimsical tiene una traducción difícil porque es incluso complicado definirla en inglés, pero en este contexto podríamos adaptarla a algo del tipo «Cómo ponerle más magia a tu vida».
¿Y qué se aconseja en estos tutoriales? Pues cosas tan revolucionarias como practicar aficiones improductivas, revivir juegos de la infancia, celebrar las pequeñas ocasiones, romantizar el día a día, encender una vela. Esta moda no es más que el enésimo intento de escapar de etiquetas anteriores ya devoradas por el capitalismo, y crear una nueva que arroje la pálida ilusión de que esta vez hemos dado con la fórmula definitiva: seremos felices al fin. Es también una manera distinta de llamar a lo de siempre. Lo que las chicas de internet llevan —llevamos— haciendo desde que el primer cable de fibra cruzó el océano.
Digo que es una moda de chicas de internet porque se propaga a través de redes sociales y «creadoras de contenido» (no se me ocurre nada menos whimsical que eso) pero en realidad nace a partir de la saturación provocada por el propio medio y de hecho entronca con la moda de volver a lo analógico. Es decir, tiene más de «chicas» a secas que de «chicas de internet» porque lo de encerrarte en tu cuarto, pensar en cosas bonitas y rogar que el mundo te deje en paz ya lo inventaron las monjas de la Edad Media.
Dado el estado actual de las cosas, el propósito es fácilmente ridiculizable, como poner una tirita de Hello Kitty sobre una herida de bala y después darle un besito. Tras unos años de «manifestar» muy fuerte los derechos humanos hasta el punto de llegar a creérnoslos, han vuelto con una violencia revanchista el fascismo, las dinámicas de acoso sin tapujos, desde el ámbito doméstico al geopolítico, y una actitud de malismo chulesco, orgullosa y hasta eufórica porque lo único nuevo en realidad es darse el gusto de dejar caer las caretas. Todo sustentado en las firmes estructuras patriarcales que ni por un segundo dejaron de estar ahí. Y lo más desesperanzador en este panorama es que ya no podemos aferrarnos a la narrativa de que al final los malos reciben su castigo. La impunidad parece absoluta porque en las distintas jerarquías que rigen la sociedad, a partir de cierto nivel solo sobreviven los psicópatas.
Pero volvamos con las chicas de internet, siempre sospechosas de fomentar con sus hábitos el consumismo, la superficialidad o el individualismo vacío. No es que sean falsas estas acusaciones, pero no seré yo quien tire la primera piedra, culpable como me confieso de haber sucumbido en ocasiones a las tres cosas. Aun así, creo que esta moda es distinta y me rompe el corazón porque percibo en ella una pureza desesperada. Es verdad que salirte del terreno de juego por miedo a que te den un balonazo es dejarle vía libre a los que toman el espacio por la fuerza. Pero es importante marcar la diferencia entre interiorizar esa huida con una sensación de inferioridad, pensar que tienes que apartarte porque eso es lo que mereces y hacerlo sabiendo que son circunstancias ajenas a ti las que te obligan a ello. No dudar, como ocurrió en otras épocas, de tu inteligencia, de tu valor, de que esa belleza sencilla que buscas en tu día a día no es en absoluto superficial sino un motivo más profundo para resistir, para luchar, que la ambición o el poder. Que aspirar a vivir en paz sin hacer daño a nadie debería ser la prioridad de cualquiera. Que no estamos solas, que somos muchas. No dudar ni por un segundo de que tenemos razón. Porque encender una vela como gesto puede parecer insignificante, pero mantener viva la llama cuando el viento sopla en tu contra y arrecia el temporal es una tarea titánica, una hazaña heroica.
🎧 El nuevo disco de Nikki García es precioso e incluye una canción perfecta para esta carta.
❥ Spotify
➤ Una chica
Os traigo el vídeo que ha detonado este texto, de una de mis personas favoritas de YouTube: chica de internet inteligente, graciosa y con talento para editar. Os recomiendo echar un vistazo al resto de sus vídeos.
➤ Una obsesión
Ha pasado algo bueno. Hace cinco años (¡cinco años! 🫠) escribí una carta hablando de una lectura que me había obsesionado: The House Next Door de Anne Rivers Siddons. Me quejaba de que, a pesar de haberse escrito en 1978, no se hubiera traducido nunca a español. Más tarde Las amigas estupendas me invitaron a su podcast para hablar de este libro y a raíz de ese episodio, RBA, la editorial que les publica a ellas, ha decidido traducir y editar la novela. Así que ahora muchas más lectoras pueden compartir mi obsesión. Nada me enorgullece más que ser un buen vector de contagio de ideas.
➤ Dos columnas
Más cosas buenas. Me hace ilusión que esta newsletter haya sido mencionada recientemente en dos estupendas columnas de El País y La Vanguardia que van sobre temas distintos y a la vez, complementarios al que trata esta carta.
Y aquí me despido por hoy. Hasta dentro de dos semanas, conservad las ganas de vivir, que ya es bastante.








Tus cartas son pócimas mágicas (y tan cabales) siempre 🧙♀️Se agradece tanto saber que una no está sola digiriendo la realidad ❤️🩹
Carmen gracias siempre, tus cartas son un refugio, una madriguera dónde nos encontramos y nos sentimos menos sólas, un acto de resistencia en esta intemperie ❤️🩹