🏹#95: Mi voz cruel 🐍
Queridas personas:
No sé qué me pasaba la otra tarde. No sé qué combo demente de hormonas, ansiedad, indigestión y cansancio se agitaba en este saquito de miserias que es mi cuerpo algunos días. El caso es que mi pensamiento deambulaba de un lado para otro, rumiando sobre esto y aquello, mientras yo hacía la cama. Y entonces, por encima de la confusión de voces e imágenes que se arremolinaban en mi mente, la escuché a ella con claridad:
«¿Por qué compartes las mierdas que escribes? Te pones en ridículo».
Me quedé parada con el edredón en la mano. «Perdona, ¿qué has dicho? ¿Qué acabas de decir?». Me interrogué a mí misma en silencio, manteniendo este episodio esquizofrénico con la más absoluta discreción. La voz que me había hablado con tanta dureza no se atrevió a pronunciarse otra vez, pero yo estaba contenta, casi eufórica de reencontrarme con ella, como si fuera un abusón del colegio que un buen día el destino vuelve a ponerte delante para que puedas ajustar cuentas. «Cómo te atreves a aparecer de nuevo por aquí, tremenda estafadora» la insulté.
Silencio tenso en mi mente. Ninguna voz se atrevía a hablar. Quizá solo el inocente impulso del cuerpo que me pedía terminar de hacer la cama. Así que continúe mi tarea, mientras seguía desahogándome: «Cómo tienes la desfachatez de volver a hablarme, tú que no tenías razón en nada, que te has equivocado en todas tus viles predicciones, que me has arrebatado tantas veces la alegría de crear por el simple hecho de disfrutarlo, de darle forma a mi imaginación. Tú que me has forzado a dejar escapar tantas oportunidades por miedo a no estar a la altura. Si te hubiera seguido escuchando nunca habría llegado a nada, no tendría la vida que tengo ahora».
Más silencio mental. La cama impecable y sin ninguna arruga. El ánimo me cambió al instante y pasé el resto del día en paz porque si algo bueno tiene hacerse mayor es que por fin dejas de caer en tus propias trampas.
Lo que más me indigna de esa voz, que por suerte llevaba años sin escuchar, es la arrogancia, el descaro que tiene en hablarte de tú, desde esa distancia inventada, como si no fuera un subproducto de tus más lamentables inseguridades sino una especie de institutriz celestial que te ilumina desde la alturas porque sabe qué es lo mejor para ti y para el mundo.
Convivir con esta voz hipercrítica es complicado y no solo para una misma. Porque la voz también eres tú, al menos una parte de ti, y no siempre se identifica tan claramente. Es capaz de infiltrarse en todas las áreas de tu vida, influir en tu comportamiento y en lo que le dices a otros, en lo que escribes. Juzga a los demás sin ninguna compasión. Y se equivoca todas y cada una de las veces, porque si algo nos han enseñado tres décadas de internet es que cualquier creación tiene su público. Cualquier idea, cualquier reflexión puede ser lo que otra persona necesite leer, ver o escuchar en ese momento. Lo que a ti te parece absurdo e irrelevante puede hacer felices a otros miles de personas. Y cualquier intento desesperado por propagar tus inseguridades, convertir tu opinión personal en un canon establecido y marcar líneas entre lo que es brillante y lo que es mediocre, el buen gusto o el mal gusto, se parece más al fascismo que a la excelencia.
La voz no suele aparecer de la nada. Siempre ha habido un padre, una madre, una jefa, un profesor, una figura de autoridad que te la contagió. Pero la voz es ahora tuya, eres tú, no puedes culpar a otros de lo que hagas con ella. Al menos conmigo nunca nadie ha sido tan cruel como lo ha sido esa voz.
🎧 Os prometo que había pensado en recomendar esta canción solo porque la letra va a juego con estos días insoportables que está haciendo, antes de recordar el título del disco.
➤ Un acoso
Hay una frase que me persigue en internet. Es posible que el algoritmo de Pinterest la haya reflotado ahora y desde ahí se esté propagando por todos sitios, maquetada de distintas formas, siempre preciosas:
I’m a museum of everything I’ve loved.
No pongo la imagen porque sois capaces de ignorarme por completo y compartirla. Y no me gusta, porque aunque lo que dice es bonito, no es verdad. Al menos en mi caso. Para empezar sería el museo con el peor sistema de documentación del mundo. El reciente encuentro con mis diarios de la adolescencia me ha demostrado que no recuerdo ni la mitad de gente con la que me relacioné en aquella época. Y además no es verdad porque no me siguen gustando las mismas cosas. Muchas de ellas, me gustan tan poco ya que las he tirado por la ventana del museo, no me hacían ningún bien, eran solo un lastre. A raíz de mi última carta, una lectora me mandó el vídeo de esta charla, que profundiza en esa idea: no somos las mismas personas que fuimos en el pasado y sobre todo, no somos las que seremos en el futuro.
➤ Una lista
He tardado un mes, pero por fin el club de lectura de nuestra comunidad de Telegram tiene lista de lectura para este año. Ojalá os inspire y os animéis a participar.
➤ Otra confesión
Además de la estafadora, en mi cabeza viven más voces como las del nazi y la punki. Lo conté aquí hace un par de semanas.
➤ Un descanso
La lista de vídeos ASMR del canal del V&A en YouTube de la que os hablé ha sido copiada por otros museos, como por ejemplo el Getty, que hasta ahora solo se ha animado con uno, pero de una potencia amansadora extraordinaria. Os lo dejo por aquí por si necesitáis paz mental.
Me despido por hoy. Hasta que nos veamos dentro de dos semanas, hablaos bien, por favor.







Esa voz dañina y cruel la tenemos todos los que nos atrevemos a soñar. Y es un esfuerzo sobrehumano plantarle cara y actuar a pesar de lo que dice.
Me alegra saber que esa voz de monja aficionada a los pellizcos no te molesta ya tan a menudo (a mí sí, a mí todo el rato). Lo de espaciar las visitas del oficial nazi y la adolescente punki supongo que es trabajito aparte.